Oculto durante siglos detrás del coro de madera, este fresco salió a la luz solo tras los trabajos de restauración de la iglesia, devolviendo a los visitantes una de las obras más elegantes y mejor conservadas de todo el edificio.

La composición representa dos putti — los típicos angelitos niños de la tradición renacentista — dispuestos simétricamente a ambos lados de una edícula arquitectónica pintada con extraordinario cuidado: columnas, entablamento y frontón arqueado dorado imitan con gran maestría las formas de la arquitectura clásica, creando un refinado efecto de trompe-l’œil. Los dos paños verde y rojo que se abren a modo de telón sobre la escena contribuyen a conferir a la composición un sentido de solemnidad teatral.

En el centro de la edícula se abre una hornacina real en la pared, en cuya cornisa aún es legible la inscripción latina OLEUM INFIRMORUM — «Aceite de los enfermos». Se trata de un antiguo armarium, es decir, un pequeño hueco practicado en la mampostería donde se guardaban los santos óleos bendecidos, utilizados en la liturgia para la unción de los enfermos.

El estilo del fresco, con su ligereza decorativa y el dominio de las formas arquitectónicas pintadas, remite claramente al período renacentista, en un diálogo continuo entre arte, devoción y vida litúrgica de la comunidad de Sermoneta.