Gracias a su posición estratégica, la Torre del Belvedere permitía controlar las rutas de comunicación hacia Roma y Nápoles, y todavía hoy ofrece vistas espectaculares que cautivan a los visitantes.
La planta superior albergaba la guardia encargada de controlar el puente levadizo que conducía a la Casa del Cardenal, mientras que los tres niveles inferiores se destinaban a prisiones. Por este motivo, la torre también era conocida como la «torre de las cárceles».
Las paredes conservan inscripciones y dibujos realizados por los prisioneros.
El nivel más bajo albergaba una amplia sala utilizada para interrogatorios, torturas y ejecuciones.
Aún hoy pueden verse la polea suspendida de la bóveda y el anillo de hierro incrustado en la jamba interior de la puerta, por donde se pasaba la cuerda utilizada para torturar a los reclusos y arrancar confesiones, reales o presuntas.