Encaramada sobre una meseta que domina la llanura Pontina, la antigua Norba cautiva a los visitantes con su posición escénica y dominante.

Las fuentes clásicas la mencionan ya en el siglo V a. C. entre las ciudades latinas que se oponían a Roma. Su destino cambió, sin embargo, tras el Foedus Cassianum, el tratado de paz que puso fin a las hostilidades con la emergente potencia del Tíber. En 492 a. C., se envió a Norba una nova colonia (nueva colonia) con una función claramente estratégica: servir de bastión en el territorio pontino frente a la creciente amenaza de los volscos.

A lo largo de los siglos, Norba permaneció como aliada fiel de Roma, leal incluso en 209 a. C., durante la invasión de Aníbal, cuando muchas otras ciudades italianas se negaron a apoyar a la República. Su nombre reaparece de forma dramática durante la guerra civil entre Mario y Sila. Al alinearse con Mario, Norba fue la última ciudad en caer en 81 a. C., cuando sus habitantes prefirieron la muerte antes que la rendición.

Abandonada posteriormente y solo ocupada de manera esporádica, Norba se presenta hoy como un lugar suspendido en el tiempo, una ciudad detenida en la historia, donde aún pueden percibirse en el paisaje el trazado urbano y las huellas de la vida cotidiana de comienzos del siglo I a. C.