El segundo puente levadizo, situado en una posición más interna del castillo, proporcionaba una capa adicional de protección a las dependencias residenciales.

Al igual que el primero, estaba construido en madera y diseñado para elevarse rápidamente, aislando las estancias interiores en caso de peligro.

Durante los asedios, esta puerta interior constituía la última línea de defensa. Si las defensas exteriores eran superadas, el segundo puente garantizaba la seguridad de la familia y de sus dignatarios.

Las crónicas locales relatan que, en tiempos de guerra, el puente se alzaba mientras arqueros y ballesteros defendían las posiciones superiores, convirtiendo el patio en una trampa mortal para los intrusos.

Hoy, el segundo puente levadizo forma parte del recorrido de visita y pone de relieve la pericia técnica que convirtió al castillo en una formidable máquina defensiva.