A lo largo de la segunda calle transversal, las excavaciones han sacado a la luz los restos de un importante barrio residencial, que incluye tres viviendas privadas: Domus VI, V y IV. 

Construidas en el siglo III a. C., estas casas se conservan hoy en su configuración final. 

Ampliaciones, reducciones y remodelaciones evidencian cómo cada vivienda evolucionó con el tiempo para adaptarse a necesidades prácticas y sociales. Las tres siguen el esquema clásico de la casa romana de atrio. Tras la entrada se encontraban el vestíbulo y el atrio, una amplia sala central con cubierta abierta que permitía la entrada de luz y conducía el agua de lluvia hacia una pila denominada impluvium. 

A los lados del atrio se abrían pequeñas estancias, generalmente simétricas, a menudo dormitorios (cubicula), mientras que al fondo se situaban espacios más representativos: el tablinum, destinado a recibir a los invitados, y el triclinium, reservado para comidas y banquetes. 

En la Domus VI, los arqueólogos identificaron una cocina con letrina adyacente. Un largo mostrador adosado a la pared y una superficie de cocción de piedra caliza en el suelo evidencian su función. 

La evolución posterior de las costumbres sociales entre los siglos II y I a. C. se aprecia claramente en la Domus IV, donde una estancia fue ampliada, remodelada y decorada para crear un triclinium más refinado destinado a agasajar a los invitados. 

De este salón de banquetes proceden dos patas de cama de bronce, pertenecientes a un lecho de extraordinaria calidad, realizado en Grecia o quizá en Roma por artesanos griegos. 

Las curiosas marcas de ensamblaje grabadas en las piezas probablemente servían como instrucciones para el montaje del mueble. Actualmente, estas piezas se conservan en el Museo Archeologico di Norma.

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