Las espectaculares murallas que rodean la antigua Norba están construidas con enormes bloques de piedra caliza colocados en seco, sin mortero, siguiendo la antigua técnica de la mampostería poligonal.

Sus dimensiones y su excepcional estado de conservación las sitúan entre las más célebres de la Italia antigua y constituyen uno de los mejores ejemplos supervivientes de este sistema constructivo. Los estudiosos las datan principalmente en la segunda mitad del siglo IV a. C., con modificaciones posteriores en el siglo III a. C.

Con una longitud aproximada de 2,5 km, el recinto amurallado se interrumpe en puntos estratégicos por cuatro puertas: Porta Ninfina, Porta Signina, Porta Serrone di Bove y Porta Maggiore.

Porta Maggiore, situada en el tramo más panorámico de la muralla y con jambas que alcanzan los ocho metros de altura, figura entre las puertas monumentales republicanas más impresionantes conocidas. Su cuidada ejecución y su extraordinaria conservación la convierten en una auténtica obra maestra de la ingeniería antigua.

A la derecha del acceso se alza un potente bastión semicircular, concebido para proteger la puerta de ataques frontales. Este elemento permitía además a los guardias disfrutar de un amplio campo visual y golpear los flancos vulnerables de los asaltantes, mediante un ingenioso dispositivo defensivo conocido como sistema «sceo».

Continuando por la muralla hacia la izquierda de Porta Maggiore se encuentra una poterna, un pequeño paso rectangular que conducía antiguamente a la Acrópolis Menor.

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