Bajo la Casa del Cardenal, en el lado occidental de la fortaleza, se encuentra una amplia estancia que antiguamente funcionaba como bodega del castillo. Esta función está documentada al menos desde el siglo XV. 

Una carta de Michele da Prato menciona una «enorme bodega», mientras que otro relato describe la visita del emperador Federico III de Habsburgo, durante la cual los soldados imperiales accedieron a las bodegas del castillo, donde, según se decía, se almacenaban más de 1.000 somi (unidad tradicional de barriles) de vino. 

La bodega estaba concebida para conservar vino y provisiones alimentarias, aprovechando su ubicación subterránea para mantener una temperatura constante y un grado de humedad óptimo, condiciones esenciales para la correcta maduración de las barricas. 

Un ingenioso sistema de ventilación garantizaba la circulación del aire sin comprometer la seguridad. 

A lo largo de los muros, hornacinas alojaban antiguamente herramientas y recipientes de almacenamiento.